domingo, 28 de febrero de 2010

Conocimiento....¿sabemos lo que sabemos?

PENSAR Y DUDAR
La diferencia fundamental que hay entre el sabio tipo oriental y un filósofo es que el sabio se las arregla solo, se va a un monte, medita, sufre transformaciones íntimas en la soledad, y a veces ve a su discípulo como un estorbo. El filósofo no, no va vendiedo conocimiento, juega con el conocimiento, va de alguna manera cuestionando lo que otros creen saber y creando una inquietud con respecto a lo que los otros quieren saber. Yo siempre he dicho que se filosofa no para salir de dudas, sino para entrar en dudas.
Fernando Savater
Arrancando motores en el segundo semestre de la Maestría en Derecho, una de las recientes tareas que nos han dejado a mis compañeras y compañeros en la materia de Teoría Jurídica Contemporánea II,  fue la de abrir un blog personal y subir a la red los trabajos que serán encargados durante el semestre. De entrada la tarea me encantó puesto que ya cuento con este blog desde hace algunos años, sin embargo, al empezar a pensar en el contenido de la primera tarea las cosas se me empezaron a dificultar.

Para iniciar, parecía sencillo hacer un escrito sobre lo que es el CONOCIMIENTO. En mi caso, lo primero que se me ocurrió y que me ayudaría a facilitar mi existencia, fue acudir a un "tumbaburros" y que mejor para ello que el Diccionario Encíclopédico Larousse, en donde encontré la siguiente definición:

Conocimiento. Acción y efecto de conocer. 2. Entendimiento, inteligencia, razón natural. 3. Conocimiento de la propia existencia. Teoría del conocimiento. Sistema que explica las relaciones entre el pensamiento y los objetos y entre el hombre y el mundo.

Cielos, una vez que encontré esta definición empezaron a llegar a mi mente dudas y más dudas sobre lo que significa entonces conocimiento o al menos el significado que yo le daba a esta palabra. Para empezar vino a mi mente el párrafo que cité de Fernando Savater en su obra La Aventura de Pensar el cual por cierto no he terminado de leer, pero al menos hasta donde voy, me ha hecho una invitación para pensar un poco más detenidamente sobre lo que me rodea cotidianamente y dentro de mis posibilidades, procurar construir nuevo conocimiento para mi vida. Por ello proponer una definición personal de conocimiento me resultó tan difícil, debido a que en mi propia existencia continuamente está la interrogante en mi mente sobre si realmente los conocimientos que poseo son tales o están fundamentantados en premisas equivocadas.

Por ejemplo, el privilegio de estar en la UNAM haciendo una Maestría en Derecho, me hace ver que el conocimiento en verdad está al alcance de cuaquier persona, toda vez que en mi caso, nunca me he considerado como alguien que tenga muchos conocimientos o pueda hablar con soltura y seguridad sobre casi cualquier tema y salir bien librado y vaya que en mi vida personal y profesional he conocido a muchas y muchos personajes con estas características que sin ser necesariamente famosos, al momento de compartir con ellos reflejan en sus conversaciones la habilidad de combinar pensamiento, argumento y conocimiento.   

No obstante lo anterior, dentro de mi siempre ha habido una parte que me dice que el conocimiento es toda la experiencia que he ido acumulando en la vida y que en alguna medida, me ha servido para interactuar a partir de mi sentido lógico en múltiples situaciones y ante diversos tipos de personalidades.

En este contexto de argumentación y conocimiento, en lo personal observo que el objetivo de la Maestría es algo que en apariencia se debe dar por descontado entre todas y todos los compañeros, que es pensar a partir de los conocimientos adquiridos en el mundo del derecho, pero también he observado con gran entusiasmo y esperanza, que la idea es que el pensamiento razonado vaya más allá de los conocimientos adquiridos en la academia y en la vida profesional y que la propuesta sea romper los paradigmas jurídicos en los que durante tantos años hemos estado envueltos en México, y atrevernos a "pensar" y a "proponer" pero en forma lógica, razonada y con conocimiento, los nuevos caminos que la ciencia del derecho deberá abordar para el Siglo XXI y los venideros.

Por ello, después de leer y releer la definición de conocimiento que cité, decidí que el mejor concepto general que se acerca a mi idea es sobre la teoría del conocimiento es el sistema que explica las relaciones entre el pensamiento y los objetos y entre el hombre y el mundo que en mi enteder, define el objetivo que debemos perseguir alumnos y alumnas de la Maestría en Derecho.



Actividad I

domingo, 8 de noviembre de 2009

PLASCENCIA Y PLACENCIA

Ahora que han pasado las sucesiones en las Presidencias de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), es oportuno realizar un análisis general sobre la forma en que ambos procesos se desarrollaron y los resultados que arrojaron al sistema de los derechos humanos en el país.

Para empezar, en ambos procesos la participación ciudadana resultaba indispensable debido a que el marco normativo indicaba que serían las organizaciones sociales las responsables de proponer los nombres de las personas que en su criterio, cumplirían con el perfil para ser Ombudsman nacional y local, con el claro objeto de que el respaldo de su trayectoria, conocimiento del tema, calidad moral y capacidad de dirección e interlocución, les permitiera enfrentar con entereza, independencia y autonomía, las responsabilidades que para ambos cargos se requiere.

La opinión social y política respecto al actuar de ambas instituciones públicas era totalmente distinta. Por un lado, la administración de Emilio Álvarez Icaza Longoria al frente de la CDHDF durante dos mandatos que se tradujeron en ocho años como Ombudsman, representó de manera exitosa el papel que una Comisión debe tener frente a las violaciones a dichos derechos cometidas por la autoridad, además de mostrar autonomía, independencia y capacidad de interlocución para colocar en la agenda pública de la capital, la defensa, promoción, educación y difusión de los derechos humanos.

Respecto a la gestión de José Luis Soberanes Fernández al frente de la CNDH –igualmente por dos periodos pero en su caso traducido en 10 años de mandato-, la opinión social evidenciaba el encono por su actuación negativa frente a temas relevantes como el de la Interrupción Legal del Embarazo (ILE), o el de Jacinta Francisco, indígena acusada de secuestrar a policías judiciales en Querétaro y por el cuál la Comisión Nacional tardó dos años en emitir una recomendación, entre otros discutidos temas como la opacidad en materia de transparencia y falta de rendición de cuentas.

A partir de lo anterior, el paradigma en ambas sucesiones era el siguiente:

Para la CDHDF, la voz social generalizada era la de mantener la continuidad y fortalecimiento de un proyecto tan próspero como el ejercido de manera autónoma y con gran carácter moral. Para ello, el Programa de Derechos Humanos del Distrito Federal (PDHDF), ofrecía una ventana de oportunidad para que los poderes locales (Asamblea Legislativa, Tribunal Superior de Justicia y Gobierno del Distrito Federal, junto con la CDHDF), impulsaran la nueva agenda de trabajo para los próximos años.

En cambio, en la CNDH ocurría algo muy distinto, la voz generalizada de la ciudadanía era lograr un “cambio” en la ruta de actuación de este organismo, el sentir de la sociedad clamaba porque el Senado cerrara una página gris en el país en materia de Derechos Humanos. Para ello, se requería de una persona que no tuviera conexión ni relación con el sistema conservador y burocrático enquistado durante 10 años en dicha institución.

Visto lo anterior, en el caso de la CDHDF la apuesta era la defensa y continuidad de un modelo de gestión que ofreció resultados positivos en su actuación, mientras que en el polo opuesto, en la CNDH lo necesario era cambiar radicalmente la actuación de esa institución frente a los problemas nacionales en materia de derechos humanos.

Entre los nombres que resaltaron para suceder a Emilio Álvarez Icaza frente a la CDHDF destacaron cuatro: Edgar Cortez, Mariclaire Acosta, Patricia Colchero Aragonés y Luis Armando González Placencia. Aparentemente estas dos últimas personas –Patricia y Luis Armando- eran las indicadas para asegurar la continuidad del exitoso proyecto de derechos humanos. Patricia Colchero fungió en diversos puestos de primer nivel durante los ocho años de gestión. Luis Armando por su parte, se sumó al equipo de trabajo en los últimos tres años y medio de la gestión.

Para la CNDH, la lista de candidatos y candidatas fue bastante amplia, sin embargo, el nombre de Emilio Álvarez Icaza sonaba como el candidato natural para ocupar en esta ocasión la Presidencia. A la lista se sumaron Raúl Plascencia Villanueva, Luis Raúl González Pérez y María Guadalupe Morfín, entre otras destacadas personalidades. La sociedad civil organizada que participó en el proceso, veía en Emilio la oportunidad del cambio que requería la institución y en Raúl Plascencia Villanueva el continuismo y seguimiento de una política que dejó mucho que desear.

Para la CDHDF, diputadas y diputados determinaron que Luis Armando González Placencia asumiera el cargo de Ombudsman capitalino, sin embargo, dicho nombramiento no representó necesariamente la continuidad y fortalecimiento del modelo de gestión logrado durante ocho años. Bastará mencionar la estrecha cercanía y relación que el actual Presidente de la Comisión guarda con el Procurador General de Justicia del Distrito Federal Miguel Ángel Mancera y de quien incluso se rumora, fungió como su principal operador político ante el Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard y ante la Coordinadora de la bancada perredista en la ALDF, la diputada Alejandra Barrales para lograr su nombramiento. Asimismo, es importante señalar que el propio González Placencia marcó distancia respecto a Emilio Álvarez Icaza y de la gestión de la CDHDF, al considerarse como una persona “independiente” y ajena a su equipo cercano de trabajo.

Para el GDF, quien realmente representaba una voz autónoma, independiente y cercana al equipo de Emilio Álvarez Icaza, era Patricia Colchero Aragonés. Su capacidad de investigación y calidad moral, así como su compromiso por continuar y fortalecer el modelo de gestión, fue justamente lo que preocupó al Jefe de Gobierno al momento de pensar en los siguientes tres años de su gestión, en la construcción de su candidatura en el 2012 para la Presidencia de la República. Por ello seguramente escuchó la voz de su Procurador al momento de negociar por una Comisión que pudiera “acoplarse” a la política pública que se impulsara desde el antiguo palacio del Ayuntamiento, bloqueando con ello, la posibilidad de que el modelo de la CDHDF tuviera una continuidad en su línea de trabajo.

Respecto a la CNDH, bajo un ambiente sospechoso de negociación, el Senado optó por el continuismo de la gestión al designar a Raúl Plascencia Villanueva como Ombudsman nacional. En este caso, pudo más la inercia partidista y gubernamental que la voz de la ciudadanía. Para los poderes fácticos, Emilio Álvarez Icaza representaba una personalidad que realmente sería autónoma frente a la actuación del Estado y por ello, sería muy incómodo tener en las filas públicas nacionales una fuerte voz que señalara y atacara las fallas del sistema y las graves violaciones a los derechos humanos con las que vive hoy una gran parte de mexicanos y mexicanas en el país.

En conclusión, la realidad del tema de los derechos humanos en las sucesiones que se dieron en la CDHDF y en la CNDH, arrojó saldos relativamente negativos que en buena medida, deberán provocar en la ciudadanía una reflexión y análisis. El tiempo dirá si me equivoco en estas hipótesis y para ser sinceros, en verdad espero que así sea, sin embargo la perspectiva en la Ciudad de México será que la administración de Luis Armando González Placencia será ad hoc al Gobierno del Distrito Federal y ello se podrá ver a partir de la extraña simbiosis que se darán en los equipos de trabajo de la PGJDF y de la propia CDHDF.

Por lo que hace a la CNDH, la continuidad de un modelo sumamente conservador y alejado de la realidad de los derechos humanos del país, llevará seguramente a Raúl Plascencia Villanueva a enquistarse en las profundidades de un mar gris y sin un puerto fijo al cuál dirigirse, dejando en indefensión a la sociedad mexicana que en materia de derechos humanos requiere de una figura que la represente.

Resulta paradójico que la fórmula saliera totalmente contraria, la CDHDF requería continuidad en el modelo de gestión y se optó por el cambio, mientras que la CNDH necesitaba un verdadero cambio y se eligió por la continuidad. El tiempo y la historia escribirán los caminos que los apellidos Placencia y Plascencia tracen para los derechos humanos en la Ciudad de México y en el país.